domingo, 13 de marzo de 2011

La música es nuestro afrodisíaco

 Paul Brent

La música es nuestro afrodisíaco, me dijiste tú, seductora de ritmos, caliente musical, llena de notas en los labios para tocar con mis labios, mis dedos-labios, mis piernas-labios, mi cuerpo-labios para tu espalda-labios, tus piernas-labios, tu pecho-labios, tu cuello-labios, tu sexo-labios-labios y más labios, labios-sexo, lenguas-sexo, como una húmeda mano tocando una guitarra, lamiendo una guitarra, chupando una guitarra; dedos-risa, ritmo-risa de placer, risa de beber, aliento, tu aliento melódico y constante, como si tocáramos un saxofón invisible los dos, en un solo los dos, los dos, los dosss, los dosssss, los dosssssss, los dooooooosssssssss, dos, dos dos, dos, dos, tres, cinco, siete, 37, 500, 1000, 3000, 13 000,30 000, 300 000, 900 000, tres millones, 13 millones, 30 millones, ¡300 000 mil millones! ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, dos, dos, dos, dos, dos, dos, dos, dos, uno, uno, uno, uno, uno , ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Ah!, la música es nuestro afrodisíaco y las canciones corporales nos tiemblan en la piel, resuenan en las células, pronunciada coralidad de nuestras raíces sexuales, canto, canto, canto, canto, el canto de los poros, el canto de la sangre, el canto de los nervios, el canto del espíritu que se libera y se contrae, se libera y se contrae, se libera y se contrae, en un orgasmo delicioso, caudaloso, silencioso.

JC

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