Tu pecho floreciente de dimensiones y relieves, es una puerta del placer.
Mis labios van en ti como dos manos que se untan para formar una cerradura secreta, y donde mi lengua es la llave, para adentrarme.
Que divino es el tacto más allá de lo físico, ahora que te siento como una circunstancia precisa, como una atemporalidad imprecisa, y en la humedad se va quedando mi espíritu para impregnarse en tus poros, tu carne, tu sangre, tu espíritu.
JC
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