Ser en tu espina dorsal una caricia que llegue más allá de tu piel
Ser un reptil hecho de lenguas para tu cuerpo de floración pasional
Ser esa raíz que atraviesa el centro de tu isla hasta que llega al océano
Ser esa velocidad de las nubes exhalando, creando formas de suspiros, palabras, figuras hasta la transparencia
Ser esa cálida emanación de la mañana que nos ilumina al respirar
Ser la silueta de la luz, donde somos tan solo momentos, como fotografías que desaparecen, en el instante que las hace renacer
Ser esa rueca de los sueños, donde los recuerdos se nos enredan como hilos y tejemos torpes e infinitas cobijas que van volando y despiertan, van volando y despiertan, mientras abrimos los ojos y se los llevan los pájaros para formar sus nidos
Ser la húmeda contracción, la espalda arqueada del espíritu, el tacto ávido sobre la puerta universal que es la piel
Ser la boca llena de frutas corporales, la miel fantasma del placer, escurriéndose por dentro
Ser el momento justo donde coinciden los rumbos de nuestra plenitud, y toda la fuerza se nos desborda en un cántaro de dicha
Ser ese jardín que respiramos al abrirnos como magnolias, ir volviéndonos selvas, cascadas, ríos que alimentan esta líquida tierra de nuestra posibilidad sexual
Ambos cuerpos como un portal de presagios y creaciones donde inventamos una realidad y la destruimos al siguiente. Ambos cuerpos haciendo formas con la arena divina de nuestras partículas. Ambos cuerpos disueltos como incienso que danza y regresa a la llama de donde surgió. Ambos cuerpos como un instrumento de silencio para entregarse a la música. Ambos cuerpos como las vibraciones de las guitarras estelares. Ambos cuerpos como la nota de una sola voz. Ambos cuerpos entregados, ambos cuerpos recostados, ambos cuerpos transmutados a sola sensación.
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